PLATERO Y YO porque sí

-Precioso, precioso, precioso- no puedo decir otra cosa que no sea esta cada vez que menciono el libro Platero y yo; y es que realmente las palabras no alcanzan para expresar lo bonito que es y lo bien que se siente una mientras lo lee... 
Por Platero y yo hay que ir avanzando con lentitud, leyendo cada día unas cuantas escenas para que no se forme un batiburrillo en la mente. También hay que dejarse llevar, permitir que cada breve historia te traslade al lugar, al momento, a la sensación o al recuerdo del que habla el autor.
Platero y yo está formado por 138 escenas de vida (como yo las llamo). Fue escrito entre 1907 y 1916, principalmente en Moguer (Huelva), pueblo natal de Juan Ramón Jiménez, al que se trasladó durante varios años en busca de una vida tranquila que le permitiera recuperase de la profunda depresión que le causó la muerte de su padre, y por la que había tenido que pasar largas temporadas ingresado en diversos sanatorios. 
Degustando poco a poco este conjunto de relatos considerados como prosa poética, creo que es imposible no acabar teniendo la sensación de que estás o has estado en Moguer, lugar en el que transcurren todas las historias, y que Juan Ramón Jiménez, su autor, es un vecino tuyo a algo así. Además creo que también es difícil no sentir cierta punzada de dolor cuando la muerte del entrañable burrito Platero llega de improvisto.
Una vez oí decir que -el libro que lean hoy, no será el mismo dentro de unos años-; la frase apostillaba –para entonces, el libro habrá cambiado porque ustedes habrán cambiado. 
Hace cinco años, cuando leí por primera vez Platero y yo, me gustó mucho, pero en esta nueva ocasión ME HA ENCANTADO.
Muchas veces también he oído decir –No vemos el mundo como es, sino como somos-, y yo estoy de acuerdo con ello. Creo que quien principalmente tiene alegría por dentro o violencia o tristeza o agradecimiento o... LO QUE SEA, puede ver eso mismo con facilidad por todas partes, en todas las cosas, en las personas...
Leyendo Platero y yo, te das cuenta de que Juan Ramón Jiménez tenía poesía por dentro y una alta percepción para captar la belleza existente en la vida común. Digo esto porque, a pesar de que el burrito Platero y él (Juan Ramón) puedan parecer los protagonistas absolutos del libro, es

algo ilusorio. En seguida te das cuenta de que las palabras dirigidas a Platero son sólo una excusa para manifestar lo inspiradores, maravillosos y poéticos que encuentra los detalles más sencillos del lugar en el que vive. De forma sencilla y poética puede escribir sobre cualquier cosa, ya sea la vendimia, un pozo, el canto de un grillo, el árbol de un corral, la alegría de los niños....
Ya digo que este hombre, Juan Ramón, debía de tener poesía, encanto y belleza a raudales por dentro, y de ahí que pudiera apreciar las mismas cosas en cada detalle de la vida cotidiana. 
Me ha alegrado mucho enterarme de que este libro es una de las obras más traducidas y leídas después de la Biblia y el Quijote.
Aunque creo que está "malvendido" como una lectura para público juvenil o directamente infantil, en realidad es apta para todos los públicos.
De verdad que Platero y yo es una MARAVILLA, y creo con sinceridad que todo el mundo debería leerlo aunque fuese solo una vez. Por eso, para dejar constancia de lo estupendo que es, y con la esperanza de que os anime a leer la obra al completo, he transcrito cuatro de mis escenas favoritas por aquí que espero que disfrutéis.
Ánimo, decid SÍ a Platero y yo  ;-)

publicado en septiembre de 2014