LLENOS DE HISTORIAS

Supongo que este es el motivo por el que tanta gente asegura que
con su vida se podría escribir un libro...  ;-)  

LA VOCECITA QUE TE ACOMPAÑA

Me encanta cuando alguien sabe contar de manera sencilla algo complejo. Me gusta
especialmente si además lo hace de una forma artística. Si encima, me siento identificada de alguna manera con lo que veo, el impacto aumenta. Es lo que me ocurre cuando observo
estas ilustraciones a modo de viñetas.

UN DIBUJO EN UN DIARIO

Estaba escribiendo en mi diario; divagaba, charlaba conmigo misma sobre diferentes temas. Poco a poco, un asunto que lleva muchos años dándome la lata, apareció de nuevo; creí que era un problema que tenía algo más sosegado, algo más manejado... pero según hablaba sobre él, progresivamente me enfadaba más y más, e intenté explicar con palabras hasta qué punto me desquicia el tema. De repente, como ya viene siendo costumbre, sentí unas ganas enormes de dibujar y ZAS, apareció la imagen que tenéis al lado. Cuando lo terminé, habiéndolo sacado a toda velocidad, me di cuenta de que expresaba mejor que las frases el desquiciamiento que me causa el problema que comentaba. Creo que a este dibujito, bien podríamos titularlo:
Autorretrato de la Pequeña Salvaje DESQUICIADA  ;-D 

ATARDECER EN LA CALLE KARL JOHAN -detalles de Munch

Alrededor de 1890 Edvard Munch pintó varias escenas callejeras,
muchas de las cuales representan Karl Johan, la calle principal de Oslo. 
Algunos cuadros anteriores al protagonista de esta publicación están concebidos en
un estilo casi impresionista y, para ser de Munch, resultan alegres. Sin embargo, cuando pintó Atardecer en la calle Karl Johan, el artista se encontraba en un estado de
 ánimo distinto y creó esta obra inquietante.

Atardecer en la calle Karl Johan (1892) Dimensiones: 85x121 cms

En ella, las personas caminan en grupo a lo largo de la calle, pero no dan la sensación de una unidad común, sino que cada figura de rostro inhumano parece encerrada en su propio mundo. Además es como si la muchedumbre en movimiento avanzara dispuesta a sobrepasar con indiferencia espectador.
La mujer más cercana está cortada a la altura del busto y
produce la sensación de proximidad opresiva de la multitud.


La cara del hombre más destacado parece una máscara o hasta una calavera.


A la derecha, el personaje alargado con un sombrero de copa que camina solo en
dirección opuesta, es el propio Munch. Sobre esta figura solitaria, el pintor escribió
en su diario –Los transeúntes le miraban de forma extraña y curiosa... tenía la
sensación de que en su cabeza no hubiese más que el vacío.


¿Qué sensaciones os provoca este Atardecer en la calle Karl Johan? Seguro que son un tanto extrañas. Yo tengo la impresión de que me he muerto y que, de repente, he aparecido en un mundo de espíritus en el que intento saber a toda velocidad qué está pasando. Dan miedito... Parecen vagar mecánicamente sin importarles nada.

PUBERTAD -detalles de Munch

La obra Pubertad se trata del trabajo más sincero y explícito de Edvard Munch sobre el despertar de la sexualidad, una de las principales experiencias de lo que él entendía como el enojoso camino de la vida. Este cuadro lo pintó en Berlín, donde su amigo Adolf Paul describió así al pintor trabajando:
En el borde de la cama se sentaba una muchacha desnuda. No era una santa, pero había en sus ademanes algo inocente, esquivo y tímido; precisamente las características que habían impulsado a Munch a retratarla, y ella estaba allí sentada, en la deslumbrante luz del claro sol primaveral, mientras la sombra proyectada por su cuerpo detrás y sobre ella parecía el destino.
En Pubertad, la muchacha adopta la cruda pose frontal utilizada a menudo por el artista en sus trabajos: con una apariencia inocente y vulnerable, las rodillas apretadas, los delgados brazos
cruzados delante del cuerpo y una intensa mirada en sus ojos enormes.
Seis años antes, en 1889, Munch había pintado otro cuadro sobre el mismo
tema pero fue destruido.

Pubertad (1895) Dimensiones: 150x111 cms

La impresión general que transmite la pintura es de tensión y fragilidad, como si fuera la misma que provoca el temor de experimentar los cambios que se producen en el cuerpo a esa edad.
Esa tensión e incomodidad queda patente en las manos de la protagonista
que las cruza con rigidez sobre el regazo.


La fragilidad queda acentuada por la postura encorvada
de la parte superior del cuerpo de la joven.


Detrás de ella, su sombra se alarga como una nube amenazadora. Munch escribió que
tenía miedo de su propia sombra porque veía en ella un recuerdo de la muerte.


¿Y su rostro, os habéis fijado bien en él? En la cara de la chica hay algo pétreo, como si estuviera intentando mantener una integridad forzada mientras soporta tal grado de desnudez. Me da que es la que tendríamos la mayoría en medio de una escena así, ya fuese en la pubertad o la madurez  ;-)