EL BROCHAZO DE ROY LICHTENSTEIN

Visitar el Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía no sólo merece la pena por ver el Guernica, varias de las obras maestras de Salvador Dalí, pasear entre su extensa e interesante colección o pasarte horas y horas ojeando los excelentes libros de arte que venden en su librería especializada; desde el año 2004 también merece la pena ir a este museo para contemplar la extraordinaria escultura de la que voy a hablaros a continuación: EL BROCHAZO.


Brushstroke - El Brochazo fue instalada con motivo de la exposición All About Art que tuvo lugar en 2004 dedicada a las pinturas pop de Roy Lichtenstein. Desde entonces esta escultura situada en el patio del edificio diseñado por el arquitecto Jean Nouvel para la ampliación del museo, forma parte de la exposición permanente del Reina Sofía. 


Aunque reconozco que aquella exposición no me gustó mucho porque para empezar Lichtenstein como pintor no es que sea precisamente santo de mi devoción, admito que de El Brochazo me enamoré a primera vista e instantáneamente me pareció y me parece una escultura GENIAL.
A pesar de que esta obra realizada en aluminio soldado y pintura data de 1996, El Brochazo
está vinculada a una serie de trabajos que Lichtenstein creó en 1965 en referencia al tema
del oficio de pintor y a la pincelada gestual, más conocida como action painting, que
caracteriza al expresionismo abstracto
Y es que, a partir de los años ochenta, el artista adaptó la temática del brochazo a las tres dimensiones mediante maquetas, esculturas de medio tamaño y formatos monumentales.


Como buena escultura monumental El Brochazo no sólo impresiona por sus enormes dimensiones: 982 x 640 x 182 cms, sino también por la relación que se establece entre ella y su entorno, que en el caso del Museo Reina Sofía resulta especialmente curioso ya que el patio donde se encuentra la obra está formado por la parte antigua y la más moderna del recinto, con lo cual los fondos interactúan de manera singular dependiendo de dónde se posicione el espectador.



Una cosa que me gusta mucho de estar ante El Brochazo es la sensación de pequeñez y a la vez de grandeza que puedes tener al mirar la escultura. De pequeñez por tu propio tamaño o el de los demás frente al suyo, y de grandeza porque es como si te contagiaras de la genialidad de la obra. Piensas que es una suerte poder estar viendo y experimentando algo así. 


Además otro aspecto importante que me encanta de ella es esa oscilación que posee entre
la abstracción y la figuración; es un trabajo en el que observamos nítidamente algo informe y bien formado a la vez. No sé si se trata de un efecto que deliberadamente se propuso Lichtenstein cuando estaba cavilando sobre este tipo de esculturas... pero mola un montón ver algo que es tan abstracto como figurativo al mismo tiempo. Es esa clase de obras que, aunque no tengas un especial interés en el arte o en Lichtenstein o en la escultura o en los museos o en el pop art, TE VA A IMPRESIONAR POSITIVAMENTE y te va a gustar mucho estar teniendo la posibilidad de verla.
De verdad que os invito de todo corazón a pasaros por el
Museo Reina Sofía en Madrid para que El Brochazo os sorprenda.
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